Después de recorrer distintos países y ciudades de Sudamérica, el Salar de Uyuni fue la última gran parada de mi viaje. Desde allí crucé la frontera hacia el norte de Chile para regresar a casa, pero me fui con la sensación de haber conocido uno de los paisajes más increíbles del continente.
Había visto cientos de fotografías del Salar de Uyuni antes de viajar, pero ninguna logra transmitir lo que realmente se siente al estar allí. Es uno de esos lugares que simplemente hay que vivir.
Un pueblo pequeño con una magia especial
Uyuni es un pueblo tranquilo, fácil de recorrer caminando y con una atmósfera muy particular. Todo gira en torno al turismo, pero sin perder su esencia local.
Lo visité durante la primera semana de junio, en temporada seca y fuera de la temporada alta. Gracias a eso encontré hoteles y excursiones a muy buenos precios. Durante el día la temperatura ronda los 12 a 15 °C, pero cuando cae el sol cambia por completo: en invierno las noches pueden bajar hasta cerca de los -15 °C.
Mi primer error: elegir el bus más barato
Llegué desde La Paz en un bus nocturno. Como viajaba con presupuesto mochilero, elegí una de las opciones más económicas.
Fue una decisión de la que aprendí bastante.
El bus prácticamente no tenía calefacción y, a medida que avanzaba la noche, el frío del altiplano se hacía cada vez más intenso. Mientras intentaba soportarlo con mi chaqueta, gorro y guantes, miré alrededor y vi que todos los pasajeros bolivianos llevaban frazadas y ropa mucho más abrigada.
Ahí entendí que ellos sabían perfectamente a lo que iban, y yo no.
Desde entonces aprendí que ahorrar está bien, pero hay ocasiones en las que pagar un poco más realmente mejora el viaje.
Consejo: si viajas entre junio y agosto, lleva ropa térmica y, si puedes, elige un bus con buena calefacción.
Llegar a Uyuni al amanecer
El bus llegó cerca de las seis de la mañana. En lugar de un gran terminal, los buses suelen detenerse en una calle donde esperan conductores y dueños de cafeterías para recibir a los viajeros.
Y se agradece.
A esa hora el frío es intenso.
Esperé un rato en una cafetería hasta que amaneció y luego salí a buscar alojamiento. Como era temporada baja, encontré sin problemas un hotel por unos 20 dólares la noche y contraté allí mismo la excursión al salar por alrededor de 30.000 pesos chilenos, con transporte y almuerzo incluidos.
El segundo error
Ese mismo día fui al famoso Cementerio de Trenes para ver el atardecer.
La experiencia fue increíble... hasta que el sol desapareció.
Como durante el día hacía una temperatura agradable, no llevé suficiente ropa de abrigo. En pocos minutos el frío se volvió muy intenso y, además, encontrar transporte de regreso no fue tan fácil.
Mientras caminaba buscando cómo volver, un conductor se detuvo y me ofreció llevarme hasta el pueblo.
Fue un gesto sencillo que todavía recuerdo y que refleja la hospitalidad que encontré durante mi paso por Bolivia.
Consejo: si visitas el Cementerio de Trenes al amanecer o al atardecer, lleva mucha ropa de abrigo y organiza con anticipación tu regreso.
El día que conocí el Salar de Uyuni
Al día siguiente comenzó la excursión.
Visitamos el pueblo de Colchani, donde se procesa la sal de forma artesanal, el antiguo Hotel de Sal, la Plaza de las Banderas y la impresionante Isla Incahuasi, famosa por sus enormes cactus y las vistas panorámicas del salar.
Aunque junio corresponde a la temporada seca, todavía encontré algunos sectores con una fina capa de agua. No era el famoso efecto espejo en toda su extensión, pero sí pude vivir esa sensación única de caminar entre el cielo y la tierra.
Fue, sin duda, el momento más inolvidable del viaje.
¿Vale la pena visitar Uyuni?
Sin ninguna duda.
Pero creo que disfrutarlo depende mucho de ir preparado. Si pudiera dar cuatro consejos serían estos:
- No elijas el bus más barato si viajas durante el invierno.
- Lleva ropa para temperaturas bajo cero, aunque durante el día haga calor.
- Si viajas en temporada baja, puedes conseguir muy buenos precios contratando alojamiento y excursiones directamente en Uyuni.
- Quédate al menos dos días para recorrer el pueblo y disfrutar el salar con calma.
Después de recorrer buena parte de Sudamérica, puedo decir que el Salar de Uyuni fue mucho más que una fotografía espectacular.
Fue uno de esos lugares que te hacen sentir pequeño frente a la inmensidad de la naturaleza y que, mucho tiempo después, siguen ocupando un lugar especial entre tus mejores recuerdos de viaje.